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abril Reflection 

Hacer el bien debería ser algo que hagamos automáticamente como cristianos.  Debería ser un acto involuntario y no algo que deberíamos avergonzarnos de hacer.  No estamos tratando de impresionar a los demás de que lo que estamos haciendo es algo ejemplar.  Desde la perspectiva de la fe, hacemos algo bueno para dar testimonio de nuestra fe en Jesucristo, quien ante todo nos mostró el ejemplo al morir en la cruz por nuestra salvación.

 

" Yo soy la luz del mundo.  El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida " (Jn 8,12).  Dios es la luz verdadera.  Todos nosotros participamos y compartimos esa luz cuando hacemos nuestra parte levantando la bandera de nuestra fe, para que otros puedan verla y así imitarnos.

 

Como dice el dicho, "La imitación es la mayor forma de adulación".  Qué mejor forma de sentirse halagado para un cristiano que cuando otros imitan nuestras buenas obras.  Esto a su vez hace que la luz de Cristo brille más sobre toda la raza humana. 

Reflexión sobre Nuestra Señora

Nuestra Señora nos salva, nos da vida y nos enriquece con Dios.  Con el Espíritu Santo nos repite: "El que me encuentra, encuentra la vida, y tendrá salvación del Señor (Pr 8,35). _cc781905- 5cde-3194-bb3b-136bad5cf58d_Otra vez: "Conmigo están las riquezas y la gloria... para enriquecer a los que me aman" (Pr 8:18, 21). El Papa San Pío X propuso la devoción a Nuestra Señora como medio principal para restaurar todas las cosas a Cristo en la Iglesia y en el mundo.

 

Acordémonos entonces de amar siempre a Nuestra Señora.  Hagamos nuestra la última recomendación de San Padre Pío de Pietrelcina:  "Ama a Nuestra Señora y haz que otros la amen. _cc781905-5cde-3194 -bb3b-136bad5cf58d_Reza siempre el Rosario."  Amemos a la Virgen sin decir nunca que la hemos amado bastante; más bien, promovamos una santa rivalidad para ser la generación que más gloria dé a María (cf. Lc 1,48).

Reflexión de Pascua

Dios todopoderoso, por la gloriosa resurrección de tu Hijo Jesucristo, quebrantaste el poder de la muerte y sacaste a la luz la vida y la inmortalidad; concede que nosotros, que hemos resucitado con Él, triunfemos sobre toda tentación y nos regocijemos en la esperanza de la gloria eterna:  por Aquel que vive y reina contigo y el Espíritu Santo , un solo Dios ahora y siempre.  Amén.

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